lunes, 11 de julio de 2011

Los sucesos inesperados contra-atacan nuevamente...

Jamás me esperé esa llamada, ni menos en aquel día, ni mucho menos en ese momento. Jamás me esperé que volvería sin buscarlo, jamás esperé siquiera que volviese ... Había conseguido, tal vez por primera vez en la vida, dar vuelta la página sinceramente y pensar que todo lo que creí sentir, que todo lo que prometimos, que todo lo que vivimos era parte de un pasado sobre el que ya no cabía espacio para su discusión: todo había acabado.

La noche que ha pasado es del tipo de aquellas que te cambian la vida, de esas que cambian radicalmente el status quo, la cotidianeidad, las decisiones y pensamientos que se habían dado anteriormente.
Cuando oí mi celular llamado en la madrugada, desde un número desconocido, y escuché su voz - inconfundible, por supuesto, después de tantos largos años- no tuve reacción alguna extraña. Fue casi como si fuera normal. Fue casi como si lo hubiera estado esperando, como si lo hubiera sabido. Pero la violencia del momento que estaba viviendo hizo que tal anécdota, que en otra circunstancia me hubiese atrapado completamente, pasara a segundo plano.

No puedo evitar sentirme sorprendida con todo esto, sentir un principio de incertidumbre tal que no me deja pensar tranquila. Una vez más, estoy a la vida; exijo ser prioridad pero siempre tengo muchas opciones. Una vez más, estoy esperando a que la vida me dé lo que sea, pero pienso que es el momento de cambiar tal cosa. Es el momento de tomar una decisión, arriesgarse a perder o ganar, comprometerse verdaderamente... Entregar, pase lo que pase, sin miedos, sin oportunismo barato, sin dudas ni segundas opciones, mis sentimientos verdaderos a quién lo merezca. A quien realmente yo lo sienta ... Pero ¿cómo decidir? ¿en base a qué?

Siguiendo con él, ¿cómo dejarlo de lado? Y ¿cómo no sentir naturalmente esa duda, esa desconfianza, de que ocurra lo que siempre ha sucedido? No sé si quiero arrastrarme a algo que es parte de mi pasado, pero por lo mismo, algo que es tan mío. No sé si quiero traerlo al presente, no sé si quiero dejar de lado otras oportunidades por una que ya sé que no funcionó ni una, ni dos, ni tres, ni cuatro veces anteriores ... ¿Por qué ese masoquismo idiota de querer seguir intentándolo? ¿Y es que realmente tengo fe de que vaya a funcionar algo? ¿Realmente quiero intentarlo otra vez?




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Dominique Hernández. Con la tecnología de Blogger.