Déjame decirte que siento que esto no va bien, que desde el comienzo parecía peligroso, y ahora lo es aún más. Déjame decirte que ni siquiera sé si lo quiero, si tengo ganas, si tengo tiempo, si tengo preferencias, si te digo la verdad o si te miento cuando respondo a tus preguntas sobre todo lo que sucede. Déjame decirte, también, que no te sientas nada importante, que no creas si mi melodramatismo etílico te dice cosas tan bonitas, porque se lo diría a cualquiera que estuviera en tu lugar. No, para nada, no es porque seas tú tan especial, es porque simplemente estabas en el momento y en el lugar apropiado,en las condiciones apropiadas, y con la disposición apropiada para jugar a algo tan maquiavélicamente insano. Créeme si te digo que te utilizo... pero ¡calma! No te sientas mal, porque sabes bien que tu también me utilizas a mi. Que no tiene real importancia si es que me gustas o no me gustas, si es que te quiero o no te quiero, porque me acostumbraré a cualquier de las dos situaciones; porque deviene irrelevante si es que siento o no siento: lo único que importa es qué quiero creer que siento, qué quiero hacer que creas que siento. Si pretendo algo, es solo por lo interesante de la aventura, por lo desconocido, por el desafío mismo, por el contexto complicado, porque mi ego me lo pide. Porque quiero romper tus esquemas, porque quiero mostrarme, mostrarte, lo que puedo hacer. Pero eso no significa que muera y viva por ti, no significa que llore por ti, que te quiera, que te piense, que te sienta como algo más. No significa nada más que la circunstancia, no significa nada más que yo conquistando lo que parecía inconquistable. No significa nada más que una situación entretenida, pero irrelevante, que con el paso de los años, al igual que muchas otras, he de olvidar y, finalmente, se perderá en mi memoria como una de tantas historias de la vida juvenil.
Y es que es cierto, no me interesa saber qué quiero yo, pero si saber qué quieras tú. No interesa lo que sienta, sino lo que sientas tú. No interesa lo que piensa, sino lo que pienses tú. Porque soy maleable - sí, muy mal se dirá - y soy así porque aprendí que en efecto, nos mentimos. La gente es tan fácilmente olvidable, tan malditamente reemplazable ... ¿Para qué seguir jurando amor eterno? ¿Para qué tanto cliché horriblemente cursi, bonito, tierno y al mismo tiempo hermosamente cruel y mentiroso? Seamos sinceros. No me quieres, no te quiero; solo quiero lo que tú me das y tú quieres lo que yo te doy...
Y se resume, compañero, en una frase, diría cierto latinoamericano: no te enamoraste de mi, sino de ti cuando estás conmigo...
Ya, no, para nada. No te gusto, no te enganchas, no me piensas, no me quieres. Solo te gusta lo que eres, lo que sientes, lo que vives tú cuando estoy por ahí. Y así como estoy yo, realmente, podría estar cualquier otra.
Sinceridad a la vena.

0 comentarios:
Publicar un comentario