Muchas de esas personas que fueron parte trascendental de mi vida, a las que dije, pensé o sentí amar, querer, estimar, adorar, odiar, lo que sea, ya no son más que partes de un recuerdo lejano y opaco sobre lo que fue mi vida liceana, largos años de cambios pequeñitos, pero importantes. Y pensar que en algún momento creí que no sería capaz de vivir sin Pedro, Juan o Diego, sin María, Ana o Daniela, pero ahora no son más que totales desconocidos, de los cuales muchas veces desconozco incluso el curso de su vida, a dónde fueron a parar con el paso de los años ...
Qué nostalgia recordar lo que vivimos, las experiencias que compartimos, los sentimientos que me inspiraron, las penas que me dieron, las alegrías que me hicieron feliz o hicieron mi vida más "vivible" en su momento. Qué nostalgia de todo lo que pude haber aprovechado y que dejé pasar, qué tristeza el sentir que muchas de esas personas las perdí por culpa de errores insignificantes, pero que la inmadurez nos impidió superar. Pero así mismo, qué alegría saber que cada una de esas personas, de esos niños y niñas que me rodearon en su momento, que constituyeron mi vida, mi mundo, mis amigos, dejaron algo en mi. Que una parte, aunque sea pequeñita, de lo que ahora es Dominique, es gracias a que ellos estuvieron presentes de alguna forma, en algún momento, en mi existencia.
Y claro, es que estamos condenados a la inamovilidad del pasado. Estamos condenados a mirar resignados el segundo anterior del presente y comprender que ya no hay nada que podamos hacer para modificarlo, y es por eso que por mucho que desease volver a ver a algunos, recuperar a otros, eliminar a varios más, ya simplemente están ahí y son parte del imaginario mundo de mi corazón, que aún los guarda en un rincón, pero difícilmente podrían ser parte del presente, o incluso de mi futuro.
Cada uno de ellos representa una parte de mi evolución, de mi madurez, de las etapas que he ido atravesando en mi vida. Cada uno de ellos evoca cierto estado mental, cierto estado emocional, ciertas pasiones, convicciones y creencias que marcaron cada estación en este largo viaje que es la vida. Ahora, cuando miro hacia atrás, veo que a pesar de todo he tenido suerte: Gente excelente ha rodeado mi caminar en este mundo.
A veces, no los quise dejar ir. Quería aferrarlos como sea a mi presente gracias a mi sentimentalismo, pero eso implicaba no cerrar una etapa, dejar una puerta abierta a un pasado que debe irse, del cual solo viviría presentemente como un engaño, un espejismo, como la sombra de lo que fue. Pero finalmente, cada cual tomó su camino, cada cual ha ido forjando su destino, y espero que todos aquellos en los que he pensando mientras escribo esto sigan siendo tan hermosas personas como las que fueron en su tropiezo por mi vida, y espero sobre todo que el destino los haya llevado por bonitos paisajes, en donde puedan sacar lo mejor de sí cada día. Definitivamente, no le guardo rencor a nadie de mi pasado, ni le tengo rencor a nadie de mi presente. No he odiado ni odio a nadie, ni siquiera a aquellos que me hicieron daño merecida o inmerecidamente, porque incluso aquellos que quisieron destruirme, hoy contribuyen a que haya aprendido que también existen algunos que te defraudarán, que te dolerán profundamente.
De todo esto, solo me queda por concluir que debo disfrutar al máximo a las hermosas personas que hoy, ahora, en esta etapa de mi vida me rodean. Nadie asegura que estarán mañana, nadie asegura su permanencia a mi lado en esta aventura, por eso, en cualquier caso, no me privaré más de querer, de decirles lo que siento, de valorar cada momento con ellos por pequeño que sea, de darles las gracias por estar, de odiarlos un poquito cuando me hagan daño, de amarlos cuando me hagan bien o realmente, amarlos incondicionalmente. No me privaré de sus compañías, no derrocharé momentos que solo suceden una vez en la vida, no permitiré que el día de mañana mire con nostalgia y me pregunte por qué no hice algo más, por qué no dije algo más, por qué no demostré ni dí todo lo que podría haber hecho.
En mi presente, hermosas personas me rodean. Pocas vienen desde hace diez años, varias desde hace siete, muchas desde hace dos, haaartas desde hace un par de meses. Pero sin duda, cada una es importante, es necesaria, es considerada en mi vida. A cada cual, simplemente, quisiera recordarles lo mucho que han alegrado mi día a día, toda la emoción que le dan a esta existencia, agradecerles el hacer que vivir valga realmente la pena.
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El más eterno de todos es el más difícil de conmensurar...
El más nueve de todos es el más complejo de proyectar ...

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