martes, 10 de junio de 2014

Para ti.

Nací asustado, en medio de la nada. En un mundo hostil que me llenaba de miedo, que me paralizaba y me hacía correr al mismo tiempo, escapando de la misma nada en que nací y yendo hacia la misma nada en que me convertí. Creí encontrar consuelo un día, una tarde en que una bella mujer me habló y cambió mi mundo. Sentí esperanza, sentí crecer algo en mi que antes me era desconocido, una pequeña luz de esperanza. ¿Esperanza será el nombre correcto de aquello que creí que inundaba mi cuerpo entonces? Cambios rápidos se sucedieron. Crecí a su lado pensando que algún día las cosas cambiarían, llenando mi vida con esos pequeños momentos en los que su compañía me hacía sentir más vivo que nunca. Vivía por esos cortos pero intensos minutos. Esperaba todo el día por encontrarla, verla caminar hacia mi y ver su sonrisa, saber que había alguien en este mundo a quien yo le importaba. Creí que ya no era indiferente ante la vida, tuve ganas de existir y de sentir más y más amor, esos instantes de alegría llenaban mi ser y me hacían grande, gigante entre medio de todos, entre tanto y tanto miedo, tanta soledad, tanto frío y tanto abandono que era todo lo que yo conocía antes de conocerla a ella. 
Pero otro día, otro nefasto día, todo cambió. Llegué a un lugar que no conocía, donde parecían quererme a pesar de todo. Tuve desconfianza, pero poco a poco fue entregándome a estas nuevas manos, a este nuevo mundo de calor y comodidad en el que me vi entonces. Pensé que todo seguiría así, que por fin había encontrado un lugar para mi, un lugar constante y ya no esporádico en donde sentirme como en casa, un lugar precioso y una vida confortable que eran lo que yo siempre había soñado. Pero ¿por qué el mundo tenía que ser tan cruel conmigo? Un día ella también se fue y no la vi más. ¿O yo me fui? No sé bien qué pasó, yo nunca lo entendí, nunca lo he entendido. Solo sé que ahora estoy más solo y más frío que nunca, mi corazón es una piedra y tengo escalofríos, me desvanezco y despierto luego, envuelto en un infierno de desesperanza. Creo que ya no hay salida, nací y moriré en medio de esta nada, esta nada asquerosa que me da náuseas de existir, náuseas de haber creído en alguien que pensé que me salvaría y solo me llevó a un mundo más triste y hostil que nunca. Espero que me encuentres. ¿Me estarás buscando? Por favor, Dios, escucha mis plegarias y ayúdame aunque sea a morir a su lado, no en medio de esta honda desesperación por volver a sentir una caricia, un abrigo, un cariño sincero, necesito aliviarme de tanto dolor y tanto abandono. 

__________________________________________________________________

Siento que mis remordimientos solo me hacen perder el sueño. ¿Tendrá sentido todo esto? Te quiero buscar, dime ¿por qué no lo hice antes? Solo espero encontrarte, volver a verte y librarte de todo eso que has sufrido, poder darte la esperanza de nuevo, una vida nueva, la vida que quiero para nosotros. Si te encuentro, juro que jamás te volveré a dejar. Nada ni nadie me alejará de ti, nada, ni siquiera el fin del mundo hará que deje de estar a tu lado. Le ruego a Dios que me guíe hacia ti, le ruego a Dios, por lo que más quiero, que me da la oportunidad de enmendar todo. Si te encuentro, Dios mío, si te encuentro, nuestra vida comenzará de nuevo. Tú eres la vida que me falta, y yo soy la vida que tú buscas. ¿Estemos juntos de nuevo? Ayúdame también a encontrarte, ten la esperanza, no pierdas la fe en encontrarnos una vez más. Estaré contigo, lo estoy ahora, sé que tú también lo estás. Lo puedo sentir, presiento nuestro reencuentro. ¿Puedes sentirlo tú también? Dime que sí, piensa en mi así como yo pienso en ti. Que nuestro amor y nuestras esperanzas se encuentren, que guíen al destino para que volvamos a ser uno. 

0 comentarios:

Publicar un comentario

Dominique Hernández. Con la tecnología de Blogger.