miércoles, 20 de julio de 2011

De no regresar ...

No quiero. No otra vez. No de nuevo.
Y no puedo seguir así. ¿Por qué insisto? ¿Por qué no sé cuándo es real? ¿Por qué engañarme?
Volver al mismo punto... ¿No es cierto?

Pondré el voto optimista: Hazlo. Rompe el círculo. Rompe el "destino". Rompe la ley maldita. Revoluciónate.

El cambio viene desde dentro ...

Título.

Hoy he despertado en la mañana oyendo caer el agua como sea dentro de mi
Sí, el agua me hablaba solo de ti
Sí, el agua me hablaba solo de ti

Hoy he despertado en la mañana y tú secabas apurada en la estufa tu blue jean
Sí, secabas apurada tu blue jean
Sí, secabas apurada tu blue jean

Pero encuentras tiempo en una casa que aunque tiene rota el asa sí es perfecta para ti
Sí, tú eres la reina que dejó a su rey por un Alfil
Sí, porque el café lo tomas junto a mi.

Hoy he despertado en la mañana, me he asomado a la ventana y era este mismo país
Sí, las flores van marchando en el jardín
Sí, los estudiantes marchan junto a ti

Pero en fin, redoble de tambores para ti
Se acabó, porque ya se ha secado tu blue jean
Ces't fini, porque el café lo tomas junto a mi
Se acabó, porque ya se ha secado tu blue jean

_________________________________________________________


tu eres la reina que dejó a su rey por un alfil
porque el café lo tomas junto a mi


Ese instante es el culpable.

lunes, 11 de julio de 2011

Como pasa el tiempo, que de pronto son años...

Revisando mensajes antiguos de facebook voy recordando cada una de las personas, situaciones y sentimientos que constituyeron mi vida en tiempos pasados. Recuerdo tiempos, y siento nostalgia, nostalgia de tiempos en los que tiempos anteriores también me daban nostalgia; de esa forma sé que el día de mañana también tendré nostalgia del hoy, de la gente que me rodea, de la etapa que estoy viviendo.
Muchas de esas personas que fueron parte trascendental de mi vida, a las que dije, pensé o sentí amar, querer, estimar, adorar, odiar, lo que sea, ya no son más que partes de un recuerdo lejano y opaco sobre lo que fue mi vida liceana, largos años de cambios pequeñitos, pero importantes. Y pensar que en algún momento creí que no sería capaz de vivir sin Pedro, Juan o Diego, sin María, Ana o Daniela, pero ahora no son más que totales desconocidos, de los cuales muchas veces desconozco incluso el curso de su vida, a dónde fueron a parar con el paso de los años ...
Qué nostalgia recordar lo que vivimos, las experiencias que compartimos, los sentimientos que me inspiraron, las penas que me dieron, las alegrías que me hicieron feliz o hicieron mi vida más "vivible" en su momento. Qué nostalgia de todo lo que pude haber aprovechado y que dejé pasar, qué tristeza el sentir que muchas de esas personas las perdí por culpa de errores insignificantes, pero que la inmadurez nos impidió superar. Pero así mismo, qué alegría saber que cada una de esas personas, de esos niños y niñas que me rodearon en su momento, que constituyeron mi vida, mi mundo, mis amigos, dejaron algo en mi. Que una parte, aunque sea pequeñita, de lo que ahora es Dominique, es gracias a que ellos estuvieron presentes de alguna forma, en algún momento, en mi existencia.
Y claro, es que estamos condenados a la inamovilidad del pasado. Estamos condenados a mirar resignados el segundo anterior del presente y comprender que ya no hay nada que podamos hacer para modificarlo, y es por eso que por mucho que desease volver a ver a algunos, recuperar a otros, eliminar a varios más, ya simplemente están ahí y son parte del imaginario mundo de mi corazón, que aún los guarda en un rincón, pero difícilmente podrían ser parte del presente, o incluso de mi futuro.
Cada uno de ellos representa una parte de mi evolución, de mi madurez, de las etapas que he ido atravesando en mi vida. Cada uno de ellos evoca cierto estado mental, cierto estado emocional, ciertas pasiones, convicciones y creencias que marcaron cada estación en este largo viaje que es la vida. Ahora, cuando miro hacia atrás, veo que a pesar de todo he tenido suerte: Gente excelente ha rodeado mi caminar en este mundo.
A veces, no los quise dejar ir. Quería aferrarlos como sea a mi presente gracias a mi sentimentalismo, pero eso implicaba no cerrar una etapa, dejar una puerta abierta a un pasado que debe irse, del cual solo viviría presentemente como un engaño, un espejismo, como la sombra de lo que fue. Pero finalmente, cada cual tomó su camino, cada cual ha ido forjando su destino, y espero que todos aquellos en los que he pensando mientras escribo esto sigan siendo tan hermosas personas como las que fueron en su tropiezo por mi vida, y espero sobre todo que el destino los haya llevado por bonitos paisajes, en donde puedan sacar lo mejor de sí cada día. Definitivamente, no le guardo rencor a nadie de mi pasado, ni le tengo rencor a nadie de mi presente. No he odiado ni odio a nadie, ni siquiera a aquellos que me hicieron daño merecida o inmerecidamente, porque incluso aquellos que quisieron destruirme, hoy contribuyen a que haya aprendido que también existen algunos que te defraudarán, que te dolerán profundamente.

De todo esto, solo me queda por concluir que debo disfrutar al máximo a las hermosas personas que hoy, ahora, en esta etapa de mi vida me rodean. Nadie asegura que estarán mañana, nadie asegura su permanencia a mi lado en esta aventura, por eso, en cualquier caso, no me privaré más de querer, de decirles lo que siento, de valorar cada momento con ellos por pequeño que sea, de darles las gracias por estar, de odiarlos un poquito cuando me hagan daño, de amarlos cuando me hagan bien o realmente, amarlos incondicionalmente. No me privaré de sus compañías, no derrocharé momentos que solo suceden una vez en la vida, no permitiré que el día de mañana mire con nostalgia y me pregunte por qué no hice algo más, por qué no dije algo más, por qué no demostré ni dí todo lo que podría haber hecho.
En mi presente, hermosas personas me rodean. Pocas vienen desde hace diez años, varias desde hace siete, muchas desde hace dos, haaartas desde hace un par de meses. Pero sin duda, cada una es importante, es necesaria, es considerada en mi vida. A cada cual, simplemente, quisiera recordarles lo mucho que han alegrado mi día a día, toda la emoción que le dan a esta existencia, agradecerles el hacer que vivir valga realmente la pena.


______________________________________________________________

El más eterno de todos es el más difícil de conmensurar...
El más nueve de todos es el más complejo de proyectar ...

Los sucesos inesperados contra-atacan nuevamente...

Jamás me esperé esa llamada, ni menos en aquel día, ni mucho menos en ese momento. Jamás me esperé que volvería sin buscarlo, jamás esperé siquiera que volviese ... Había conseguido, tal vez por primera vez en la vida, dar vuelta la página sinceramente y pensar que todo lo que creí sentir, que todo lo que prometimos, que todo lo que vivimos era parte de un pasado sobre el que ya no cabía espacio para su discusión: todo había acabado.

La noche que ha pasado es del tipo de aquellas que te cambian la vida, de esas que cambian radicalmente el status quo, la cotidianeidad, las decisiones y pensamientos que se habían dado anteriormente.
Cuando oí mi celular llamado en la madrugada, desde un número desconocido, y escuché su voz - inconfundible, por supuesto, después de tantos largos años- no tuve reacción alguna extraña. Fue casi como si fuera normal. Fue casi como si lo hubiera estado esperando, como si lo hubiera sabido. Pero la violencia del momento que estaba viviendo hizo que tal anécdota, que en otra circunstancia me hubiese atrapado completamente, pasara a segundo plano.

No puedo evitar sentirme sorprendida con todo esto, sentir un principio de incertidumbre tal que no me deja pensar tranquila. Una vez más, estoy a la vida; exijo ser prioridad pero siempre tengo muchas opciones. Una vez más, estoy esperando a que la vida me dé lo que sea, pero pienso que es el momento de cambiar tal cosa. Es el momento de tomar una decisión, arriesgarse a perder o ganar, comprometerse verdaderamente... Entregar, pase lo que pase, sin miedos, sin oportunismo barato, sin dudas ni segundas opciones, mis sentimientos verdaderos a quién lo merezca. A quien realmente yo lo sienta ... Pero ¿cómo decidir? ¿en base a qué?

Siguiendo con él, ¿cómo dejarlo de lado? Y ¿cómo no sentir naturalmente esa duda, esa desconfianza, de que ocurra lo que siempre ha sucedido? No sé si quiero arrastrarme a algo que es parte de mi pasado, pero por lo mismo, algo que es tan mío. No sé si quiero traerlo al presente, no sé si quiero dejar de lado otras oportunidades por una que ya sé que no funcionó ni una, ni dos, ni tres, ni cuatro veces anteriores ... ¿Por qué ese masoquismo idiota de querer seguir intentándolo? ¿Y es que realmente tengo fe de que vaya a funcionar algo? ¿Realmente quiero intentarlo otra vez?




sábado, 9 de julio de 2011

La eterna violación del siglo XXI

"Pensó en la hermana de la reina de Inglaterra y llegó a la conclusión de que hoy el ojo de Dios ha sido reemplazado por la cámara. El ojo de uno ha sido reemplazado por los ojos de todos. La vida se ha convertido en una única gran orgía en la que todos participan. Todos pueden ver a la princesa inglesa desnuda celebrando su cumpleaños en una playa subtropical. La cámara aparenta interesarse sólo por los famosos, pero basta con que a escasa distancia de ustedes caiga un avión, basta con que de sus camisas salgan llamas para que de pronto también ustedes sean famosos y formen parte de la orgía general, que nada tiene en común con el placer y que se limita a poner públicamente en conocimiento de todos que no tienen dónde esconderse y que cualquiera está a merced de cualquiera."



La Inmortalidad. Milan Kundera.

La inmortalidad me llama...

Decir lo que no se tiene que decir, de la manera en que suena más feo.

Ok, vamos. No mintamos. No sigamos aparentando algo que evidentemente se derrumbará en cualquier momento. ¿Por qué seguimos con algo que sabemos que terminará mal? ¿Por qué queremos continuar algo que desde ya ha roto lo pactado, ha traicionado nuestras voluntades y ha tomado vida propia, forma propia? ¿Por qué persistir en renegar de nuestra razón, de esta suerte de predicción que tenemos sobre lo que sucederá?
Déjame decirte que siento que esto no va bien, que desde el comienzo parecía peligroso, y ahora lo es aún más. Déjame decirte que ni siquiera sé si lo quiero, si tengo ganas, si tengo tiempo, si tengo preferencias, si te digo la verdad o si te miento cuando respondo a tus preguntas sobre todo lo que sucede. Déjame decirte, también, que no te sientas nada importante, que no creas si mi melodramatismo etílico te dice cosas tan bonitas, porque se lo diría a cualquiera que estuviera en tu lugar. No, para nada, no es porque seas tú tan especial, es porque simplemente estabas en el momento y en el lugar apropiado,en las condiciones apropiadas, y con la disposición apropiada para jugar a algo tan maquiavélicamente insano. Créeme si te digo que te utilizo... pero ¡calma! No te sientas mal, porque sabes bien que tu también me utilizas a mi. Que no tiene real importancia si es que me gustas o no me gustas, si es que te quiero o no te quiero, porque me acostumbraré a cualquier de las dos situaciones; porque deviene irrelevante si es que siento o no siento: lo único que importa es qué quiero creer que siento, qué quiero hacer que creas que siento. Si pretendo algo, es solo por lo interesante de la aventura, por lo desconocido, por el desafío mismo, por el contexto complicado, porque mi ego me lo pide. Porque quiero romper tus esquemas, porque quiero mostrarme, mostrarte, lo que puedo hacer. Pero eso no significa que muera y viva por ti, no significa que llore por ti, que te quiera, que te piense, que te sienta como algo más. No significa nada más que la circunstancia, no significa nada más que yo conquistando lo que parecía inconquistable. No significa nada más que una situación entretenida, pero irrelevante, que con el paso de los años, al igual que muchas otras, he de olvidar y, finalmente, se perderá en mi memoria como una de tantas historias de la vida juvenil.
Y es que es cierto, no me interesa saber qué quiero yo, pero si saber qué quieras tú. No interesa lo que sienta, sino lo que sientas tú. No interesa lo que piensa, sino lo que pienses tú. Porque soy maleable - sí, muy mal se dirá - y soy así porque aprendí que en efecto, nos mentimos. La gente es tan fácilmente olvidable, tan malditamente reemplazable ... ¿Para qué seguir jurando amor eterno? ¿Para qué tanto cliché horriblemente cursi, bonito, tierno y al mismo tiempo hermosamente cruel y mentiroso? Seamos sinceros. No me quieres, no te quiero; solo quiero lo que tú me das y tú quieres lo que yo te doy...
Y se resume, compañero, en una frase, diría cierto latinoamericano: no te enamoraste de mi, sino de ti cuando estás conmigo...
Ya, no, para nada. No te gusto, no te enganchas, no me piensas, no me quieres. Solo te gusta lo que eres, lo que sientes, lo que vives tú cuando estoy por ahí. Y así como estoy yo, realmente, podría estar cualquier otra.



Sinceridad a la vena.

A deshoras ...



No existe el principio, ni el final; no lo vemos, no se siente, no se comprende. El camino es lo importante. El camino es lo que marca. El camino es lo que se vive. El camino es lo que queda.

Testigo.

No creo tener habilidad literaria. No creo ser buena persona. No creo ser inteligente. No creo ser intelectual. No creo escribir bonito, ni bien, ni hábilmente. Simplemente creo que de un punto a esta parte, la complejidad y la constricción de mis pensamientos me llevan a la necesidad de escribir, escribir, escribir ... Aunque no diga nada, o diga mucho; aunque no tenga sentido absoluto o sea totalmente denso, superficial, abstracto, concreto, bonito o feo, estúpido o hábil, trivial o trascendental.
Tal vez es que simplemente necesito un testigo de mi, de mi in-evolución. Y lamento llegar a un punto en el cual me parece que las conversaciones que realmente necesito no se están dando, y contrariamente a lo que siempre ha parecido ser, me siento más cómoda relatando mi estupidez ante una pantalla, que ante una persona. Y tal vez la única culpable de eso soy yo misma, yo y mi incapacidad de decir lo que realmente siento. Incluso, mi incapacidad absoluta de decir cualquier cosa que sienta y que tenga cierta complejidad, que implique directa o indirectamente cierto dolor, cierta incomodidad o cierta perplejidad excesiva.
Uhm, después de todo escriba, joven, que en Chile nadie lee.

Un testigo, para después volver siguiendo mis propios pasos y comprender qué es lo que pasó y qué no conmigo, aquí dentro, aquí, con lo que hay fuera.

Dominique Hernández. Con la tecnología de Blogger.